Cuentan las leyendas de los Valles de Caesaraugusta que una pareja compuesta por un chico y una chica comenzaron sus andanzas en el arte de contar historias y divertir hace ya mas de diez años en pequeños poblados de niños inmigrantes en un pequeño reducto de la ciudad aragonesa. Solo unos cuantos niños conocían a esta mágica pareja, y de ellos se decía que todos los veranos paraban en el Pirineo para recopilar y seguir escuchando historias que luego todos disfrutaríamos. Cargados con menos equipaje de lo que seria necesario en estos casos,viajaron mas de lo que nunca pensaron; escuelas, guarderías, pueblos, mercadillos, etc.. cualquier lugar era bueno para contar una historia o divertir con sus estupendos juegos en grupo
Poco a poco y a base de mucho trabajo y tesón en todo lo que se proponían, a Chispandora le fue siguiendo gente en sus viajes y juegos hasta el punto de convertirse en un grupo mas que considerable de personas con la única intención de divertir y enseñar cosas nuevas a todos los niños y no tan niños de los lugares que visitaban. Ahora ya nadie recuerda como empezaron, ni como consiguieron que oír hablar de su nombre, significara una sonrisa y un referente obligado cuando de leyendas y cuentos se hablaba en el Gran Valle Aragonés. Del Barrio Oliver a los Mercadillos de la Muela, de las Fiestas de Sabiñanigo a Centros comerciales, pasando por casi todas las bibliotecas y Colegios del territorio aragonés, continúa el maravilloso viaje de Chispandora con el único de fin de educar desde el entretenimiento.
Hoy en día son muchas personas las que cuentan que los han visto hablando con sus títeres, bailando y jugando al ritmo de su percusión africana, en el cielo con sus maquinas del tiempo o incluso están los que siempre esperan ver al Ladrón de Cuentos intentando robar historias hasta el ultimo momento.
Otros afirman haber ido a la clase de Chispa en el Instituto de Buenos Modales, confirmando el mal carácter del Sr. Repudio, y algunos los han visto entre Molinos y en unos vehículos extrañamente divertidos. Los mas pequeños todavía recuerdan cuando la vaca Mariona despertó de su último sueño, y como Raquetin el Fantasma ha conseguido que por fin recojan sus habitaciones. Incluso están los que han dejado de tener miedo a los ratones, desde que conocieron a nuestro Ratón de Biblioteca, y aprendieron lo parte mala de las mentiras con nuestro Gallo Kiriko. Son tantos los niños y los sueños que viajan hacia nuestros cuentos que a veces nos olvidamos hasta de los trenes que debemos coger. Pero siempre hay algo mejor que hacer, por lo menos para que deje de llover. Por esto y por lo que nos queda, continuamos haciendo lo que mejor sabemos hacer.